Potrero Digital, una red de oportunidades con integración social en Argentina

19/06/2020

Una idea puede cambiar el mundo y, para incentivar a otros a transformarlo, solo hace falta una oportunidad. Eso es lo que ofrece Potrero Digital, una red de escuelas de oficios digitales orientada en Argentina a la integración social a través de la tecnología.

Surgido de una suma de voluntades, el proyecto impulsa un cambio cultural que permite a personas de barrios vulnerables, históricamente condicionadas a realizar trabajos manuales, obtener herramientas para insertarse en el mercado laboral digital, ya sea dentro de empresas o generando sus propios proyectos.

PRIMEROS PASOS

Corría el año 2017 cuando Carolina Biquard, directora ejecutiva de la fundación Compromiso, y Silvia Flores, directora de la cooperativa La Juanita, ambas abocadas a los emprendimientos sociales, se acercaron al realizador Juan José Campanella con una idea: desarrollar un proyecto educativo que atrajera a los jóvenes de barrios vulnerables y les permitiera una salida laboral diferente a las tareas manuales tradicionales.

Campanella y su socio Gastón Gorali, que en 2013 habían producido la película de animación digital "Metegol" ("Futbolín"), y no habían encontrado en el país técnicos preparados para trabajar en ello, propusieron la idea de armar un espacio donde los jóvenes pudieran divertirse y aprender con oficios digitales.

Allí comenzó a gestarse Potrero Digital, denominado así en referencia a los campitos donde los niños se divierten jugando a la pelota y que funciona como puntapié para muchos futbolistas profesionales.

LA PUESTA EN MARCHA

En 2018, con la colaboración de empresas y organismos estatales, Potrero Digital abrió sus puertas en la cooperativa La Juanita de Laferrere (en la provincia de Buenos Aires), en donde los primeros 178 inscritos -con el único requisito de ser mayores de 16 años- comenzaron a cursar gratuitamente las dos grandes orientaciones: programación y marketing digital.

De esa primera camada de La Juanita "más del 40 % de los egresados trabaja en sus propios emprendimientos, realiza prácticas remuneradas en las empresas colaboradoras o se incorporó al proyecto como docente”, afirma Biquard.

No fue ese el único logro del proyecto en estos años, también amplió a ocho los espacios existentes en diferentes barrios de la Ciudad de Buenos Aires y su cinturón urbano y se espera que en los próximos meses abra otra sede en Mendoza (oeste) y una, “Campinho” digital - la primera fuera de Argentina- en Río de Janeiro (Brasil).

DE LA CRISIS A LA OPORTUNIDAD

En marzo de este año, a días de iniciar las clases presenciales, Potrero debió enfrentar un gran desafío: la enseñanza a distancia.

El aislamiento social todavía vigente, decretado por el Estado nacional como consecuencia de la COVID-19, obligó a la virtualidad total de los cursos.

Alumnos y profesores debieron enfrentar las dificultades derivadas de la falta de equipamiento en los hogares y los frecuentes problemas de conectividad en los barrios vulnerables.

Solventado el primero con la entrega en comodato de 80 ordenadores, la voluntad de los profesores hizo el resto, grabando o enviando por Whatsapp las clases.

Sin embargo, a pesar de los inconvenientes que generó el pasaje repentino a la virtualidad, fue lo que aceleró los planes para un crecimiento exponencial del proyecto y Potrero pasó de 200 a 500 alumnos, ya que el cupo, anteriormente determinado por la capacidad física de las sedes, había desaparecido.

“Fue un megacambio pero al mismo tiempo nos trajo muchos beneficios (...) nos permitió llegar a barrios y a chicos a los que de otra forma no hubiéramos llegado, afirma Demián Niedfeld, profesor de marketing digital en Potrero y cofundador de la empresa de marketing Ukelele.

MÁS ALLÁ DE LO EDUCATIVO

“Potrero está en el acompañamiento (...) en convencer a las personas que ‘cuando se quiere se puede’ y que la integración social es posible”, explica Flores.

Y ese parece ser el lema con el que funcionan todos los engranajes del proyecto.

Fue el que impulsó a Jaqueline Vallejos, vecina de Laferrere de 31 años y con dos hijas de 9 y 4, a descubrir que, a pesar de la falta de tiempo y dinero, podía estudiar marketing digital y “cumplir un sueño que no sabía que tenía”.

Fue lo que ayudó a Berenice Montoya, de 19 años, a descubrir su vocación como community manager y a desarrollar junto a su madre Celia -compañera en Potrero- un emprendimiento digital para colaborar con otros.

Y lo que permitió que Leandro Garrido, de 23 años, recién egresado de la carrera de informática, comenzara como alumno para pocos meses después convertirse en uno de los profesores de programación, "asustadísimo", como reconoce, porque de un momento a otro sus compañeros pasaron a ser sus alumnos.

Estas son historias que se replican en Potrero y "esta es la importancia de brindar oportunidades donde parecía que ya no existían para convencer a muchas personas que cuando se quiere se puede", concluye Flores.

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