Emilio Duró: Hemos sobrevalorado la inteligencia e infravalorado la amabilidad

Emilio Duró roza los 60 años y lleva media vida dedicado a buscar las claves de la felicidad. Es empresario, consultor y, sobre todo, alguien que engancha con su pasión al contar las debilidades del hombre, los caprichos de la vida y todas esas cosas que tenemos al alcance y ayudan a sentirse mejor.

En una entrevista con Efe, al otro lado de la pantalla que estos días nos une y separa, Duró mueve los brazos, se acerca, se aleja y no se pone de pie porque se saldría de cuadro. Es una metralleta de ideas, símiles, anécdotas, chascarrillos y reflexiones difíciles de condensar y que buscan una sola cosa: ayudar a ser más feliz.

Desde su piso de Madrid dice una y mil veces que él no es nadie para dar consejos, habla de su paternidad tardía y de cómo se dio cuenta de que vivir en 600 metros cuadrados no le hacía feliz, y confiesa que este confinamiento le ha servido para muchas cosas, como redescubrirse jugando a las cartulinas con su hija de 12 años y llorando como un niño que tenía olvidado.