El gigante de Cupertino explora horizontes alternativos para la producción de sus semiconductores
Apple ha comenzado a trazar un nuevo rumbo en su estrategia industrial. Durante décadas, la compañía fundada por Steve Jobs ha mantenido una relación casi simbiótica con el fabricante taiwanés TSMC. Sin embargo, fuentes cercanas a la negociación revelan que la empresa californiana ya no considera sostenible mantener todos sus huevos en una sola cesta geopolítica. Según ha publicado Bloomberg, los ejecutivos de Apple ya han mantenido contactos exploratorios con dos pesos pesados del sector: Intel y Samsung. El objetivo no es otro que trasladar parte de la fabricación de sus procesadores más emblemáticos —los que dan vida al iPhone, al iPad y al Mac— a suelo estadounidense.
Un movimiento táctico de calado estratégico
Conviene subrayar que la arquitectura y el diseño de los chips seguirán siendo propiedad intelectual exclusiva de Apple. Lo que cambiaría sería el lugar donde se imprimen esos diminutos circuitos. Los planes pasan por utilizar las futuras instalaciones que Intel proyecta levantar en el estado de Ohio, así como la planta que Samsung ya está ampliando en Taylor, Texas. Ambos proyectos se benefician directamente de la Ley CHIPS, una iniciativa del gobierno estadounidense que ha inyectado nada menos que 52.000 millones de dólares para revitalizar la producción local de semiconductores. Para Apple, esta diversificación no representa únicamente un seguro contra tormentas geopolíticas. También le otorga una posición de fuerza inédita a la hora de sentarse a negociar precios y condiciones con sus proveedores.
La fragilidad de una dependencia casi total
Los datos disponibles dibujan un panorama de vulnerabilidad difícil de ignorar. En la actualidad, TSMC fabrica más del 90% de los procesadores que Apple coloca en el mercado. Esto incluye tanto la serie A —corazón de los iPhone— como la potente gama M, que impulsa los ordenadores Mac. La eficiencia del fabricante taiwanés en procesos litográficos de última generación sigue siendo difícil de igualar. Sin embargo, el contexto geopolítico ha cambiado de forma radical. Las maniobras militares de China alrededor de Taiwán, unidas a las cada vez más estrictas sanciones tecnológicas impuestas por Washington, han convertido la cadena de suministro en una obsesión para el consejo de administración que preside Tim Cook.
Las proyecciones de ventas anuales de Apple hablan por sí solas. Solo en el segmento del iPhone, la compañía mueve más de 200 millones de unidades cada ejercicio. Bastaría con que un conflicto armado bloqueara el estrecho de Taiwán durante unas pocas semanas para que las pérdidas en Cupertino se contabilizaran en decenas de miles de millones de dólares. La alternativa que ahora se perfila pasa por descargar parte de esa presión sobre territorio estadounidense. En cierto modo, Apple estaría replicando el modelo que durante años aplicó su vieja rival Intel, que fabricaba sus propios chips en plantas situadas en Oregón y Arizona.
Intel: una oportunidad para resurgir de las cenizas
Para Intel, la posibilidad de tener a Apple como cliente en su división de fundición —rebautizada como Intel Foundry Services— supondría un espaldarazo de credibilidad mayúsculo. La compañía de Santa Clara ha perdido terreno de forma acelerada en el mercado de los procesadores para ordenadores personales. Los chips M1 y M2 de Apple le han infligido derrotas dolorosas en un segmento que Intel dominó durante décadas. Necesita con urgencia un cliente externo de primer nivel que valide su capacidad para fabricar chips de terceros a gran escala. Las fábricas que planea construir en Ohio, con una inversión estimada en 20.000 millones de dólares, podrían recibir los primeros encargos relevantes de silicio avanzado para un cliente ajeno a la propia Intel. Sería, sin duda, un golpe de efecto en toda regla.
Samsung: la experiencia de un veterano con ganas de revancha
El gigante surcoreano Samsung no se queda atrás. La compañía ya cuenta con una planta operativa en Taylor, Texas, y acumula un largo historial como fabricante de chips para terceros. Sin embargo, su cuota de mercado en el segmento de vanguardia ha ido menguando durante la última década. Conseguir un contrato con Apple les devolvería el pulso competitivo de forma inmediata y les obligaría a acelerar la ampliación de sus líneas de producción en Estados Unidos. Dicho esto, ni Intel ni Samsung disponen hoy de la capacidad necesaria para asumir toda la demanda de Apple. Las conversaciones exploratorias apuntan a un horizonte de entre dos y tres años. Ese es el tiempo estimado para que las nuevas fábricas estadounidenses alcancen su fase de producción masiva.
Ecos que cruzan el Atlántico
La decisión de Apple trasciende las fronteras de Estados Unidos. En la Unión Europea, la búsqueda de fuentes alternativas de suministro de chips se ha convertido en una prioridad estratégica desde la aprobación de la Chips Act europea. Aunque Apple nunca ha tenido plantas de producción en territorio comunitario, su movimiento refuerza la tesis de que la era de la fabricación de semiconductores concentrada en una sola región está llegando a su fin. El mensaje es claro: la globalización tal como la conocíamos ha muerto.
En España, la irrupción del PERTE Chip, dotado con 12.250 millones de euros, aspira precisamente a captar inversiones similares a las que ahora planean Intel o Samsung al otro lado del Atlántico. Apple ha construido una sólida base de clientes en el mercado español desde la apertura de su primera tienda en Barcelona en 2010. Sus productos representan una parte muy relevante del consumo tecnológico nacional. Aunque las fábricas mencionadas se encuentren lejos, la lección resulta aplicable a cualquier empresa: ninguna compañía, por grande que sea, puede permitirse mantener toda su cadena de valor atada a un único punto geográfico. Las empresas españolas que dependen de semiconductores importados —desde el sector del automóvil hasta los fabricantes de equipos industriales— harían bien en tomar nota y diversificar sus propios riesgos de suministro.
El tablero se mueve: consecuencias para inversores y competidores
Conviene observar que el movimiento de Apple, aunque todavía se encuentre en una fase puramente exploratoria, tiene el mérito de poner sobre la mesa la fragilidad de un modelo que parecía inamovible. La simple existencia de estas conversaciones altera las expectativas de los inversores y ejerce una presión considerable sobre TSMC para que acelere su despliegue internacional. El fabricante taiwanés ya está construyendo su propia fábrica en Arizona, un proyecto que ahora cobra una relevancia aún mayor.
- Para los inversores: la noticia abre un escenario de revalorización potencial para las acciones de Intel y Samsung, al tiempo que introduce un factor de incertidumbre sobre TSMC.
- Para la industria: se consolida la tendencia hacia la regionalización de la producción de semiconductores, un fenómeno que redefine las cadenas de suministro globales.
- Para el consumidor: a medio plazo, esta diversificación podría traducirse en una mayor estabilidad en el suministro de dispositivos y, quizás, en una moderación de los precios.
La historia reciente del sector de los semiconductores nos enseña que las alianzas estratégicas tardan en forjarse, pero cuando finalmente se materializan, transforman la industria a una velocidad que pocos alcanzan a anticipar. El inversor español haría bien en vigilar de cerca no solo los próximos resultados trimestrales de Intel y Samsung, sino también la reacción del gigante taiwanés. El tablero acaba de moverse, y las fichas están empezando a caer.
Contenido original en https://www.merca2.es/2026/05/05/apple-intel-samsung-chips-eeuu-2376673/
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